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24/06/2017

Rolls-Royce Wraith Balck Badge

Por Augusto Brugo Marcó (desde California, Estados Unidos) Un vehículo propio de la realeza británica que combina lujo supremo, gran potencia, sofisticación y altísimo confort de marcha. Mirá el video.

Todavía nos encontrábamos en California y ya habíamos manejado el nuevo BMW Serie 5, modelo que publicamos en la edición número 462 de Parabrisas (abril de 2017), pero en ese mismo viaje existía la posibilidad, sin confirmar, de manejar un Rolls-Royce, la marca de autos de lujo por excelencia.

La sensación de rozarnos durante un par de días con un emblema real, era un acontecimiento en si mismo y algo que no siempre se da en la vida de la mayoría de los mortales. Gracias a la gestión de Christian Menges de BMW Group y de Elizabeth Williams, de la marca británica, pudimos acceder en exclusiva a la prueba de algunos de estos modelos.

Los programas de Rolls-Royce para la prensa son exclusivos, pequeños y personalizados, con atención permanente por parte del staff de la marca. Una cena para pocos comensales, una charla y comenzamos a interiorizarnos de ese mundillo de autos que va dirigido a muy pocas personas en el planeta.

Los Rolls no solamente son exclusivos por lo que valen (en Argentina una versión estándar puede llegar a costar cerca de un millón de dólares), sino porque son modelos que se renuevan cada quince años en promedio.

Para tener dimensión de su exclusividad, podemos tomar como referencia que esta marca británica vendió en todo el mundo en 2016 solo 4.011 unidades de toda su gama, compuesta por cuatro modelos: Phantom, Ghost, Wraith y Dawn, todos fabricados en la planta de Goodwood, al sur de Inglaterra. Como referencia, digamos que esa cifra equivale a lo que vende solamente el VW Gol en nuestro país en cuarenta días. Y si comparamos con una marca de similares características, como la también inglesa Bentley, se refuerza el concepto, ya que ésta vendió unas 11.000 unidades en el mismo periodo.

Cupé con toque sport

De la gama disponible, elegimos para manejar brevemente el Ghost y el descapotable Dawn y dedicarle más tiempo al Wraith, un cupé de grandes dimensiones (5,3 metros de largo) en su versión Balck Badge, una edición especial, más deportiva en comportamiento y diseño, el cual está decorado con negro y con fibra de carbono, además del aluminio, que sustituye a la madera en el interior. En este caso, la parrilla es negra, la silueta y las llantas de carbono, y los dos escapes, negros.

Living rodante

Lo primero que llama la atención es el fastuoso interior, que seduce por confort y por el tratamiento estilístico, ya que conjuga en sus materiales la vanguardia tecnológica con detalles que evocan a los grandes modelos de antaño, algo que le aporta un atractivo extraordinario a primera vista y se multiplica cuando uno se sienta detrás del volante para disfrutarlo.

Muchas de las terminaciones de los paneles y los tapizados están confeccionadas a mano. El puesto de conducción es impresionante, con un volante clásico que incorpora los mandos de un equipo de audio de los más sofisticados del mundo, junto al sistema multimedia y de climatización.

El espacio interior es muy generoso y está pensado para que cuatro ocupantes viajen con absoluta comodidad y, por supuesto. con su respectivo equipaje.

Esta marca siempre se distinguió por la calidad de excelencia y por estar en los más mínimos detalles de construcción. Por ejemplo, el torpedo y la parte superior de las puertas utilizan un material compuesto por una mezcla muy compleja de aluminio y fibra de carbono, mientras que los aireadores de la climatización están pintados utilizando una técnica llamada Physical Vapour Deposition -PVD- que evita la decoloración con el paso de los años.

Dicho tratamiento es manual y lleva 72 horas de secado. Los tapizados de cuero tampoco salen de lo extravagante: Rolls-Royce emplea el cuero de once toros por auto. Eligen a los machos, porque su piel no se estira debido a que no atraviesan períodos de preñez. Además, los animales están en corrales sin alambres de púas ,evitando así que el cuero se dañe.

La pintura también es especial, ya que se puede elegir entre 40.000 colores y, si a pesar de esta amplia paleta el cliente prefiere uno especial, la fábrica lo produce a pedido. Para pintar un auto se emplean 45 kilos de pintura, con un proceso a mano que lleva cuatro horas. Como referencia, en una fábrica de Toyota en Japón, sale un auto fabricado de la línea de montaje cada 38 segundos. En un día de máxima producción Rolls-Royce puede fabricar quince unidades.

Además, casi no existe un auto igual a otro: en el 96 por ciento de los casos, es el cliente el encargado final de personalizar el interior del suyo.

Entre otras características distintivas se destacan la apertura de las puertas (en sentido contrario al convencional); la estatuilla sobre el radiador (el “Espíritu del éxtasis”), que puede guardarse mediante un dispositivo eléctrico; y el escudo que aparece en las llantas, que no gira y está siempre en posición vertical.

Otro detalle que disfrutamos cuando nos trasladamos de noche es uno de los más populares que ofrece la marca. Se trata del sistema formado por más de 1.600 pequeñas luces de fibra óptica, cosidas a mano sobre el tapizado del techo. La iluminación de este peculiar cielo estrellado es ajustable, y se complementa con dos luces de lectura direccionales en los asientos posteriores. Pero si algún cliente lo desea, se pueden destacar las constelaciones que más le gusten con una mayor intensidad lumínica.

Otro de los puntos diferenciadores que detectamos cuando subimos por primera vez, fue la textura de las alfombras: son tan gruesas y de tal suavidad, que daban ganas de quitarse los zapatos. Y era lógico, ya que son de pelo largo y están cubiertas por lana de cordero.

Puro poder

Antiguamente, la marca británica no daba a conocer las cifras de potencia de sus motores, ya que ante el requerimiento, respondía que contaban con la suficiente que necesitaban sus clientes.

Aunque hoy sí se anuncia, aquella filosofía de contar con propulsores poderosos se mantiene. Por ejemplo, el Wraith cuenta con un impresionante motor de 12 cilindros en V que desarrolla 632 caballos de potencia y un torque de más de 88 kgm, medida similar a la de un camión Scania.

A pesar de sus más de 2,5 toneladas de peso, el Wraith empuja de manera contundente ante cualquier circunstancia. En la práctica lo pudimos acelerar en breves tramos hasta unos 190 km/h y, a pesar de la suavidad constante, el avance es contundente. En esta versión Black Badge también el sonido es diferente: se lo escucha más grave y ronco para que el conductor disfrute más.

Según el fabricante puede acelerar de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos y alcanzar una velocidad máxima limitada a 250 km/h. Lógicamente, el consumo no se encuentra entre sus puntos fuertes, ya que promedia los 7 kilómetros por litro, aunque la autonomía se compensa con su tanque de más de 80 litros de capacidad.

La caja automática de ocho velocidades tiene un paso de cambios casi imperceptible, pero si es necesario recurrir a la fuerza, se puede apretar el botón “Low” y entonces cada marcha se mantiene más tiempo, así como las revoluciones, y la respuesta al acelerador es más inmediata. Un aspecto de la transmisión que nos sorprendió, es que funciona en conjunto con el GPS. Por ejemplo, cuando estamos por abordar una curva pronunciada, la caja realiza el rebaje con anticipación mediante el sistema satelital.

Colchón de aire

En un Rolls-Royce todo está pensado para lograr un confort supremo. Adopta un sistema de suspensión neumática que se adapta dureza y altura en función del peso y el tipo de terreno. De esta manera, los desplazamientos tienen algo de suntuoso: se desliza con absoluta suavidad, pero a la vez sin resignar solidez. Es difícil interpretar qué hacen las ruedas, porque el auto transmite muy poco a los asientos. Sin embargo, en las rutas, caminos de montaña y autopistas que recorrimos iba con mucho aplomo y soltura.

La dirección es muy suave y liviana, pero a diferencia del Ghost y el Dawn, en el Wraith que manejamos la respuesta era claramente más directa.

La dotación de seguridad está acorde al nivel que ostenta, con toda la tecnología disponible. Pero, especialmente es la carrocería tan pesada (casi como dos Toyota Corolla) la que da la sensación de viajar protegido, como si nos trasladáramos a bordo de una especie de tanque de guerra. El ancho de las puertas, con apertura inversa, es otro de los tantos elementos distintivos de este modelo.

Lejos de lo popular y seis meses de espera

Según los directivos de la marca británica, ellos no buscan ver un Rolls-Royce en cada esquina, sino que están centrados en hacer piezas únicas. La exclusividad lleva su precio pero también su tiempo. Así, desde que el cliente llega a uno de los selectos concesionarios de la marca distribuidos de forma estratégica por el mundo, hasta que se le entrega su auto, pasan unos seis meses.

A pesar de que el 80 por ciento de los clientes de Rolls-Royce compran el auto para usar con chofer, no hay que olvidar al 20 por ciento restante, que también paga mucho para manejar su Rolls-Royce, y en este último grupo se inscribe el Wraith. Hoy, la edad promedio de un cliente de Rolls-Royce es de 41 años mientras en el 2003 era de 61 años. Muchos jóvenes “nuevos ricos” de Silicon Valley, ahora son clientes de la marca, realidad que pudimos apreciar durante nuestra breve estadía en California.

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