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05/05/2018

Volkswagen Polo 1.6 Highline A/T

Por René Villegas - Plataforma modular, habitabilidad generosa, calidad acorde, buen equipamiento de confort y seguridad. Por primera vez en la Argentina, el Polo se viste de hatch e intenta ser la referencia del segmento.  Se vende con motor 1.6 de 110 CV. Lo probamos con transmisión automática de seis velocidades.
Fotos: Alejandro Cortina Ricci

Muchas veces las estrategias de marketing hacen cambiar algunos propósitos y costumbres. En los autos se trata de una faceta fundamental, porque siempre se busca captar la atención del cliente. Asimismo, el nombre Polo está muy arraigado en el público argentino; todos lo conocemos por el Classic, aquel que se fabricó en Pacheco desde 1997 y durante más de una década. Pero aquí el nombre juega un papel importante: este nuevo Polo no reemplaza a un auto homónimo ni a otro del mismo segmento de origen indio (VER TEST): viene para llevarse parte de las ventas de Gol, Fox y hasta Golf 1.6.

¿Por qué se eligió este nombre? Las estrategias de mercado son también globales, y Polo tiene un lugar muy bien ganado en Europa. Incluso es un producto conocido en Brasil, donde llegó a fabricarse en generaciones pasadas. Está claro que nosotros debemos acostumbrarnos: Polo fue un hatchback desde siempre y ahora nos toca conocerlo.

Soy modular

El nuevo Polo es el primer auto compacto desarrollado en la región bajo la plataforma modular MQB del grupo Volkswagen. Se trata de una alternativa algo economizada de la original, a la que se le agregó el nombre A0 para diferenciarla, por ejemplo, de la que utiliza el Golf. Los beneficios de esta base son varios, pero el principal es que se ha sido implementada alrededor del mundo, y probada durante cientos de miles de kilómetros de pruebas.

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¿A qué nos referimos cuando decimos que es modular? La explicación más sencilla es que con ella se pueden armar diversos tipos de carrocerías con total libertad de dimensiones (obviamente, bajo parámetros lógicos) de distancia entre ejes y voladizos delantero o trasero. Lo único que se mantiene inalterable en los autos que emplean la MQB es la distancia del eje delantero al “parallamas”.

El Polo se ubica por encima del Gol, es decir que apunta a lo alto del segmento compacto, conocido como B+. Por sus proporciones y algunos detalles de estilo como la tercera ventanilla lateral, notamos rápidamente que estamos ante un auto ancho y que proporciona solidez visual instantánea. A esto lo otorga un diseño moderno (fue lanzado en Europa en 2017), en el que aristas rectas se encargan de generar esa sensación. 4.057 milímetros de largo, 1.751 mm de ancho y 1.468 mm de alto avalan ese parecer, siendo uno de los más grandes entre los de su tipo, lo que se confirma con la distancia entre ejes de 2.565 milímetros.

Digamos que su aspecto exterior no genera suspiros. Típicamente alemán, denota sobriedad y aspecto clásico, con un sector frontal y un capó algo redondeados que le quitan cierta deportividad. El diseño del paragolpes delantero es exclusivo para nuestra región, ya que se intentó darle algo más de carácter sin alterar demasiado su fisonomía. Con respecto al europeo, otro cambio visible se da en la altura de las suspensiones: mucho más alto aquí, para adaptarlo a nuestras calles.

Falto de nervio

Beneficiado por una base estructural sólida, preparada para más potencia que la que entrega aquí, el nuevo Polo no genera dudas. Firme y obediente, está dotado de suspensiones que complementan bien el trabajo en la ruta, donde no genera ningún tipo de incongruencias, incluso al doblar rápido. Provisto de un motor de 1,6 litros con doble árbol y 16 válvulas que produce 110 CV, las prestaciones obtenidas en nuestras pruebas fueron algo pobres, situación que ya habíamos notado durante la presentación, en un breve contacto por las autopistas de San Pablo el año pasado, con una versión manual. En este caso, mediante una transmisión automática de seis velocidades, logramos 12,2 segundos en el “cero a cien”, y una velocidad máxima de poco más de 175 km/h. Indudablemente, un motor TSI hubiera sido la respuesta ideal para romper los moldes.

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Esta caja, nueva para Volkswagen, no es más ni menos que la conocida Aisin de origen japonés, que equipa a rivales como el Citroën C3, el Fiat Argo y el Peugeot 208.  En el Polo tiene un funcionamiento contundente y preciso, sin patinamientos y con eficiente accionamiento de cada velocidad. A pesar de ello, las recuperaciones no entregan cifras favorables, culpa atribuible a un motor que no se siente cómodo en la zona media-alta del rango de utilización. El consumo resultó muy bueno en la ruta, mientras que fue normal para un automático en la ciudad, con un promedio de 14,3 km/l.

Bien insonorizado al elevar la velocidad, percibimos leves retumbes en el habitáculo al atravesar empedrados citadinos, hábitat en el que funciona de manera sólida. Como buen Volkswagen, el eje posterior del tipo semi-independiente tiende a la firmeza. De todos modos, lo notamos amigable y con una beneficiosa calibración general. En esto colabora la dirección con asistencia eléctrica, mientras que el frenado, con campanas traseras, no se destacó en nuestras mediciones.

Salto generacional

No hay dudas de que la variante Highline del Polo tiene un elemento en particular que salta a la vista en el interior. Se trata del tablero digital y configurable, similar al que monta el Passat, denominado Active Info Display. Conformado por una gran pantalla color, permite elegir entre decenas de configuraciones, como visualizar el navegador por completo, la computadora de a bordo o hasta la información de la radio. Sin embargo, el de mayor agrado personal es el que simula ser un tablero convencional, con marcadores circulares. Los medidores secundarios, compuestos por indicadores luminosos, están situados en los extremos. Enlazado a este dispositivo encontramos una pantalla táctil central de ocho pulgadas con funcionamiento rápido e intuitivo. El resto de las versiones, Trendline y Comfortline, ofrecen tablero convencional con indicadores de agujas.

Mientras que la postura de manejo es casi perfecta, con amplias regulaciones y buena visión hacia atrás por parte de los espejos laterales, el diseño del panel interior copia la sobriedad y las líneas rectas que proponen las pantallas. Está decorado de punta a punta con un aplique plateado brilloso, que probablemente no sea el más agraciado. Todo esto determina buena calidad, aunque no hay lujos como materiales suaves al tacto. Tampoco sobran piezas tapizadas en los paneles de las puertas, en tanto que algunos bordes son algo filosos. Sin embargo, existen piezas que realzan la apreciación, como componentes que recubren zócalos internos y comandos de tacto agradable.

En lo referido a habitabilidad cumple, ya que en las plazas traseras hay buen espacio tanto para las cabezas como para las piernas, siempre que hablamos de un auto del segmento B. Como punto positivo, hay salidas de climatización y hasta una salida USB, pero lamentablemente no cuenta con manijas en el techo, ni siquiera en la plaza del acompañante.

El piso rígido (y de gran calidad) del baúl, posibilita dos alturas. Si se coloca en la posición más alta queda mejor presentado y entrega 44 centímetros de alto. Si se coloca en la posición inferior, esta medición asciende a 53 centímetros, lo que le otorga 300 litros de capacidad. Por debajo, la rueda de auxilio tiene 14 pulgadas de diámetro, pero al menos posee un neumático convencional.

Seguro y dotado

Si hablamos de confort, la dotación es muy buena para el segmento. Esta variante Highline tiene sensores de lluvia, luces de estacionamiento delantero y trasero, cámara de marcha atrás, climatizador automático de una vía, acceso y arranque manos libres, control de velocidad crucero y espejo interior fotocromático, junto al mencionado sistema multimedia que, a su vez, propone Android Auto y Apple Car Play. En seguridad, toda la gama Polo dispone de control de estabilidad y tracción y anclajes Isofix, junto a cuatro airbags, suficientes para una entrada de gama, pero algo justo en este Highline, el más completo de la oferta.

Su precio

El posicionamiento que Volkswagen ha hecho para el Polo es muy lógico. La versión de entrada, con equipamiento justo, caja manual y gran nivel de seguridad, se vende desde los 344.000 pesos, un valor competitivo que le valdrá llevarse gran parte de las ventas. Este full automático tiene un precio de 461.000 pesos, que si bien parece elevado, se encuentra relativamente parejo con los de la competencia. Los rivales son el Ford Fiesta Titanium AT, con siete airbags, pero también con más de siete años de antigüedad y menor espacio interior, que se vende a 431.600, mientras que el Fiat Argo Precision AT, con motor 1.8 de 130 CV y un equipamiento similar gracias al pack Premium, se comercializa a atractivos 406.000 pesos.

Asimismo, el Citroën C3 Shine AT6 tiene un valor de 410.000 pesos, mientras que el Peugeot 208 Feline AT, ahora con transmisión de seis velocidades, se vende a $ 456.100. Con menos lujos, los Honda Fit y Nissan Note Exclusive cuestan 422.000 y 394.000 pesos respectivamente, mientras que por $ 407.500 se puede acceder a un Toyota Yaris CVT. De los últimos cinco, ninguno ofrece ESP.

Es por eso que el precio del nuevo Polo puede considerarse competitivo, más si se engalana a través de una buena imagen de marca, que lleva años de liderazgo de mercado haciendo base en uno de los segmentos más calientes de todos. .

FICHA TÉCNICA VOLKSWAGEN POLO

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3 pensamientos en “Volkswagen Polo 1.6 Highline A/T”

  1. Habitabilidad generosa? Precio competitivo???
    Villegas parece un vendedor de VW…
    Slds

  2. Le faltan 15 Hp, o le sobran 100 kilos de peso, o ambas cosas a la vez.- Acelerando es un “chancho gordo”.- Una lástima.-

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