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15/08/2018

¿Es seguro “chipear” el motor de nuestro auto?

En el afán de conseguir más potencia en el motor algunos usuarios se dejan tentar por la reprogramación. Pero, ¿cuánto se pierde por ganar poder?
Los motores turbo tienen un gran margen de mejora en el rendimiento.

Es una pregunta que cada vez se hacen más personas y que tiene más de una respuesta. 

En principio nunca recomendamos modificar los parámetros originales del auto. Pero, en vista de que esta tendencia no está perdiendo impulso, te contamos cuáles son los inconvenientes que puede acarrear esta modificación. 

Como ya es sabido en el momento en que se realiza una modificación al vehículo se pierde la garantía del fabricante automáticamente. 

Pero, además de este problema de orden “administrativo”, al agregar un chip de potenciación se puede ver afectada la vida útil del motor, ya que con la incorporación de este elemento se alteran los parámetros de fábrica, es decir, aquellos que aseguran un funcionamiento óptimo de la unidad.

Los inyectores trabajarán notoriamente más solicitados, siendo estos generalmente, los que comienzan a mostrar signos de agotamiento tras una reprogramación. 

Es probable también que aparezca algún problema al momento de hacer la Verificación Técnica Vehicular, ya que el motor podría producir mayores cantidades de CO2. 

Decimos que existe la posibilidad, ya que cada centro de inspección tiene “su propio librito” y lo que es aprobado por una, puede ser bochado por otra. 

Mira también: ¿Qué controla la VTV?

En los motores Diesel más modernos, tras la modificación en el mapeo de la centralita aparecen altísimas probabilidades de que se tape el filtro de partículas, también conocido como FAP o DPF. La reposición de este elemento es muy costosa y si no se hace, los gases de escape no fluirán como corresponde, situación que podría afectar de forma indirecta a las propiedades del aceite lubricante, generando un enorme peligro en las zonas de alta fricción. 

Mira también: 5 tips para cuidar el filtro de partículas Diésel

Dependiendo de cómo se haga la modificación en cuestión, la planta impulsora puede superar la temperatura de funcionamiento óptimo con facilidad. Esto, en general, sucede cuando la mezcla de aire combustible es incorrecta (no se respeta la relación estequiométrica). 

Si hay más nafta de la que se puede quemar, las paredes del cilindro se “lavaran”, con el correspondiente desgaste que esto representa. Pero, peor será si hay menos nafta de la que el motor necesita. En esa situación la temperatura de la cámara de combustión se eleva de forma exponencial y sobreviene el desastre. 

Elementos de la transmisión, como semiejes, embrague y juntas homocinéticas se verán más exigidos por el aumento de potencia, lo que indefectiblemente reducirá su vida útil. 

Y así podemos seguir enumerando problemas hasta fin de año. 

Cerrando la idea, consideramos que lo ideal es respetar el esfuerzo que hicieron cientos de ingenieros al diseñar nuestro vehículo y dejarlo como nos lo entrega el fabricante. Será lo mejor para nosotros y para el medio que nos rodea. 

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