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Hombres de auto

20/10/2018

Gunnar Nilsson: la historia de un luchador

Se cumplen cuarenta años de la muerte del piloto sueco, que dejó su marca en el automovilismo mundial de una forma diferente.

Pocas son las personas capaces de quedar en la historia, de ser recordadas por largos años sin que su imagen se diluya con el intempestuoso paso del tiempo. 

Aquellos nombres que resisten al paso de los años, son generalmente de sujetos que dedicaron toda su vida a una especialidad. Aplicaron todo su esfuerzo y voluntad para que algo se haga posible y finalmente lo lograron. 

Si hablamos de pilotos, la lógica indicará que el hombre en cuestión dejó su huella por las innumerables victorias que consiguió, o por su innata capacidad para manejar sobre la pista mojada, o por la irreverencia de sus maniobras ante contrincantes de gran prestigio. 

Pero este no es el caso. 

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Gunnar nació el 20 de noviembre de 1948 en el seno de una familia acaudalada. Su padre era un reconocido empresario de la construcción y su madre era ama de casa. 

No tuvo una vida de lujos y extravagancias, pero sí tuvo la suerte de elegir ciertos caminos a los que no todas las personas tenían acceso en aquel entonces. Al terminar su formación secundaria estudió ingeniería en la Universidad de Estocolmo en la cual obtuvo el título de ingeniero, pero con orientación hacia la construcción. 

El planeaba seguir con el negocio familiar, pero tras tener una experiencia no satisfactoria decidió dedicarse al transporte junto a un socio. Su emprendimiento tuvo éxito y decidió solapar esa actividad (que le daba el sustento económico) con el automovilismo. 

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A este deporte ingreso con una edad bastante avanzada, ya que superaba los veinte años. Esto es mucho teniendo en cuenta que los pilotos profesionales comienzan a correr por lo general entre los doce y los trece años. 

Se desarrolló en un principio en campeonatos locales, en los que se destacó rápidamente. A principios de la década del 70 se da cuenta que para crecer profesionalmente debía mudarse a Inglaterra y efectivamente lo hace. 

Comienza a correr en categorías menores y luego de un tiempo encuentra su lugar en la Fórmula 3, categoría en la que se mantiene durante tres años. Da el salto hacia la Fórmula 2 y se queda en esta categoría solamente una carrera, ya que es llamado por Colin Chapman para transformarse en piloto de su escudería de Fórmula 1. 

Vale la pena aclarar que Chapman es acertadamente persuadido por Peterson, quien ya se encontraba en la categoría reina desde el año 1970 y era coterráneo de Nilsson. 

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De esta manera Gunnar cumplía uno de sus sueños en 1976, formando parte de un equipo prestigioso como Lotus y teniendo de compañero de equipo al mismísimo Mario Andretti. 

Se mostró con poca suerte en las dos temporadas que compitió, teniendo que retirarse muchas veces por problemas mecánicos o por pequeños roces en pista. A pesar de ello, logró llegar al podio en cuatro ocasiones: España, Austria, Gran Bretaña y Bélgica. En esta última logró el primer puesto, siendo el único gran premio obtenido por el sueco. 

Para la temporada 1978 Nilsson ya había cerrado contrato con la escudería Arrows y estaba listo para correr. O al menos así lo había planeado. 

En octubre de 1977 en un chequeo médico le diagnostican un cáncer testicular, el cual le impedirá retomar sus actividades en pista. Todo el año siguiente lo dedica a luchar contra la enfermedad. 

La agresividad del tumor y la quimioterapia lo degradan mucho llegando a perder treinta kilos de peso y quedando completamente calvo. 

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El 11 de septiembre de 1978 fallece su ídolo, amigo y compatriota Ronnie Peterson, quien fue clave para su ingreso en la Fórmula 1. Esto marca en él un golpe anímico muy grande y afecta a su salud ya deteriorada. 

Asiste al sepelio e intenta ser uno de los encargados de llevar el féretro, pero su cuerpo ya no está preparado para realizar esfuerzos de ningún tipo. Dedica sus últimos días a trabajar para asociaciones que luchan contra el cáncer y logra recolectar casi un millón de dólares en ayudas. 

Finalmente, el 20 de octubre de 1978 fallece. Deja como legado “The Gunnar Nilsson Cancer Foundation” la institución que fundó su madre en 1979 y que ayuda a personas con cáncer desde entonces. 

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