Por qué es tan importante para la seguridad vial controlar el transporte pesado

La Agencia Nacional de Seguridad Vial anunció controles para que camiones y micros respeten la circulación obligatoria por el carril derecho en los principales accesos a la Ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué el cumplimiento de una obligación legal vigente desde hace años se presenta hoy como una noticia? Por Matías González (Abogado diplomado en Seguridad Vial)

Redacción Parabrisas

El pasado 24 de junio, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) puso en marcha un operativo especial para controlar que camiones de carga y micros de pasajeros circulen por el carril derecho en los principales corredores de ingreso y egreso al Área Metropolitana de Buenos Aires. La iniciativa incluye controles en peajes estratégicos, patrullajes, drones y cámaras de monitoreo, además de la fiscalización de documentación, cinturón de seguridad, alcohol cero y uso del teléfono celular.

La decisión va en la dirección correcta. Nadie puede cuestionar la necesidad de ordenar la circulación del transporte pesado ni el impacto positivo que ello puede tener sobre la seguridad vial. Lo que sí merece un análisis es que el cumplimiento de una obligación prevista desde hace décadas por la Ley Nacional de Tránsito 24.449 termine siendo presentado como una medida novedosa.

Por qué es tan importante para la seguridad vial controlar el transporte pesado
La ANSV puso en marcha un operativo para controlar que camiones y micros circulen por el carril derecho en los principales corredores de ingreso y egreso al ÁMBA.

Normas claras

La normativa establece reglas claras para la circulación en autopistas y vías multicarril, reservando el carril izquierdo para las maniobras de adelantamiento y disponiendo que los vehículos de gran porte utilicen los carriles correspondientes. No se trata de una nueva obligación; simplemente, se decidió fiscalizar una norma que debió controlarse de manera permanente.

Quienes transitan diariamente por la avenida General Paz, Autopista del Oeste, Panamericana u otras autopistas o rutas nacionales, conocen otra realidad que tampoco puede pasarse por alto. No sólo es habitual encontrar camiones circulando en carriles por donde no deberían hacerlo, sino que también es frecuente observar vehículos de carga que, de acuerdo con las restricciones vigentes para esa arteria, directamente tienen limitada o prohibida su circulación en determinados horarios o condiciones. La escasa fiscalización terminó naturalizando escenas que hace tiempo dejaron de sorprender, pero que siguen representando un riesgo para todos.

Los datos reflejan la importancia del problema. Si bien los vehículos pesados constituyen una porción menor del parque automotor, cuando participan en un siniestro las consecuencias suelen ser mucho más graves debido a su tamaño y masa. Esa realidad explica por qué ordenar su circulación no es un detalle administrativo, sino una política de seguridad vial.

¿Campaña efectiva o propaganda?

Ahora bien, la pregunta es si esta campaña marcará un cambio de paradigma o será simplemente un operativo de alto impacto mediático.

La experiencia demuestra que las conductas no cambian ni por un anuncio ni por controles esporádicos. Cambian cuando existe una fiscalización constante, uniforme y previsible. El conductor debe saber que la norma será controlada hoy, dentro de un mes y también el próximo año. Sólo así el respeto por la ley deja de depender del temor a un operativo ocasional para convertirse en un hábito.

En ese mismo sentido, también es necesario recuperar el verdadero espíritu de las sanciones. Las multas no deberían ser percibidas como una herramienta de recaudación, sino como un instrumento para educar, prevenir y salvar vidas. Cuando los controles son permanentes, transparentes y técnicamente fundados, la infracción deja de ser un costo económico y pasa a ser una oportunidad para corregir conductas que ponen en riesgo a toda la comunidad.

La seguridad vial necesita menos anuncios y más continuidad. Hacer cumplir la ley nunca debería presentarse como una novedad ni requerir campañas con bombos y platillos. Lo verdaderamente trascendente será comprobar que, cuando esta noticia deje de ocupar los titulares, los controles continuarán en la ruta.

Porque la diferencia entre una campaña de prensa y una verdadera política pública se mide en el tiempo. Y, muchas veces, también en vidas.