BMW M5, el más poderoso
La nueva generación del deportivo alemán desarrolla 727 CV y se transforma en el modelo más potente importado oficialmente por BMW en la historia argentina. Lujo, sofisticación y una aceleración impresionante.
Hace poco más de un par de años hubiera sido impensado que una marca como BMW pudiera patentar un auto para prensa de la categoría a la que pertenece el M5.
Para entender la llegada de este deportivo a nuestras calles, es obligatorio analizar el mapa donde le toca desembarcar. El contexto del mercado automotriz premium en la Argentina experimentó un vuelco drástico en el último año.
La postergada eliminación de la segunda escala de los impuestos internos —vulgarmente conocida como el “impuesto al lujo”— funcionó como un respirador artificial para las marcas importadas. Ese gravamen distorsivo, que llegó a duplicar el valor real de los vehículos de alta gama y redujo la oferta de las marcas durante años, quedó en el pasado. Su remoción provocó una notable mejora en las ventas de los modelos premium, devolviéndole la lógica a los precios de lista y permitiendo que las marcas vuelvan a planificar lanzamientos de nicho con configuraciones globales.
Es bajo este nuevo escenario de previsibilidad y apertura que BMW Group Argentina pisa fuerte. La llegada de este M5 no es un hito más: se consagra oficialmente como el modelo más potente en toda la historia que la marca bávara ha importado de manera oficial a nuestro país. Una fuerte señal de que busca tomar mayor protagonismo el mundillo de los autos premium. Hablamos del nuevo M5, un sedán de poco más de cinco metros de largo, con 727 caballos de potencia.
La experiencia de moverse por Buenos Aires con un aparato de estas características es un ejercicio que demanda máxima atención y es necesario despojar la mente de cualquier prejuicio. Cuando te subís a la séptima generación del BMW M5 (conocido internamente bajo el código G90), la ficha técnica enciende alarmas lógicas en cualquier periodista automotriz: la adopción de un sistema híbrido enchufable llevó el peso en orden de marcha por encima de las 2,5 toneladas.
Es una mole, pero sin embargo al manejarlo deja una sensación muy diferente. Lo más contundente es la aceleración; cuando se pisa el acelerador, reacciona de manera brutal. Aquí queda claro que la ingeniería de la división M de Munich tiene una tradición ineludible que defender, y más aún en este rincón del mundo, donde este lanzamiento adquiere una relevancia histórica.
Para quebrar la lógica
El emblema M5 en la parrilla delantera representa una rica historia. Comienza a mediados de la década de 1980 con la generación E28. En aquel entonces, BMW tuvo la audaz idea de trasplantar el glorioso motor de seis cilindros en línea del súper deportivo M1 en el vano motor de una sobria berlina de la Serie 5. Nació así el sedán más rápido del mundo y se fundó un concepto copiado por muchos.
Luego llegó la generación E34, que refinó la receta subiendo la cilindrada del “seis en línea”, y posteriormente la emblemática saga E39, que adoptó por primera vez un V8 de aspiración atmosférica con un equilibrio dinámico que para muchos sigue siendo el punto más alto del modelo.
La locura de la ingeniería alemana alcanzó su techo con el E60, una obra maestra impulsada por un indomable motor V10 atmosférico derivado de la tecnología que la marca utilizaba en la Fórmula 1. Tras aquel hito de la alta rotación, la era del turbocompresor se apoderó de las generaciones F10 y F90, donde los bloques V8 biturbo y la tracción integral M xDrive redefinieron los niveles de aceleración pura, destrozando el cronómetro a fuerza de torque masivo.
Hoy, la séptima generación escribe un capítulo completamente rupturista. El M5 se rinde a la electrificación, pero lo hace para buscar mejores cifras de rendimiento. El resultado es un V8 4.4 biturbo de 585 CV combinado con un motor eléctrico de 197 CV, que entregan en conjunto 727 CV y un torque combinado de 101,9 kgm.
Sensaciones urbanas
Nuestra prueba de manejo comenzó temprano, partiendo desde la zona norte del Gran Buenos Aires en una mañana típica de tránsito denso en la Panamericana. Con la batería de iones de litio de 18,6 kWh de capacidad neta al tope de su carga, decidimos configurar el menú de control del chasis y el sistema de impulsión en la posición más conservadora posible.
El resultado inicial nos dejó desconcertados: el M5 avanza en un absoluto silencio, moviéndose en modo 100% eléctrico. Es capaz de recorrer casi 60 kilómetros sin gastar una sola gota de nafta, una cifra que en el caótico tránsito de la ciudad de Buenos Aires puede incluso estirarse en zonas de frenadas constantes gracias a la recuperación de energía.
Lo más destacable es la notable evolución del confort de marcha. Las generaciones anteriores del M5 penalizaban en el uso diario con una sequedad de suspensión. En este G90, los amortiguadores de dureza variable logran lo que parecía imposible en un auto que calza llantas de 20 pulgadas en el eje delantero y de 21 en el trasero: filtran bastante bien las imperfecciones del asfalto.
Las maniobras de estacionamiento y el avance a paso de hombre se realizan con una docilidad impecable. El sistema de dirección es liviano y el motor eléctrico entrega su torque de tal manera que, por momentos, te olvidás por completo de la bestia mecánica que descansa bajo el capó.
Respeto a la alta potencia
Al encarar las autopistas y buscar rutas secundarias con asfalto abierto hacia el interior de la provincia de Buenos Aires, el panorama cambia drásticamente. El instinto natural del equipo de Parabrisas, ante semejante despliegue de caballería, hubiese sido enfilar directo hacia el asfalto de un autódromo para medir tiempos y buscar el límite de adherencia. Sin embargo, en esta oportunidad tomamos una decisión madura y consciente basada en nuestra propia experiencia.
No llevamos este M5 al autódromo por una razón muy clara: preservar los neumáticos. En la redacción todavía guardamos el recuerdo imborrable de hace muchos años, cuando tuvimos la oportunidad de probar a fondo la generación E60 con el motor V10. En aquella jornada de máxima exigencia en pista, la entrega salvaje de potencia y las constantes correcciones de los derrapes terminaron desgastando por completo el juego de cubiertas en apenas un puñado de vueltas.
Somos plenamente conscientes de lo que es capaz este aparato cuando se lo lleva al límite absoluto de la física y de cómo la electrónica puede camuflar las inercias. Pero precisamente porque sabemos el costo y la dificultad de reposición de estos compuestos de ultra alto rendimiento en el mercado actual, preferimos preservar la integridad del caucho para que otros colegas de la prensa especializada pudieran disfrutar del vehículo en idénticas condiciones.
Desafiando la balanza
El sistema híbrido combina el conocido motor de combustión V8 biturbo de 4.4 litros y 585 CV con un impulsor eléctrico de 197 CV integrado en la caja de cambios M Steptronic de ocho velocidades. Al tirar de la leva izquierda durante un par de segundos, el tablero activa la función Boost, preparando toda la electrónica para la máxima entrega de potencia.
Hundir el pie derecho en el acelerador es una experiencia física violenta. La respuesta es instantánea, calcada a la de un vehículo eléctrico puro por la inmediatez del torque, pero con la enorme diferencia de que acá el empuje viene acompañado por la melodía ronca, metálica y emocionante del V8 trepando con rabia hasta las 7.000 vueltas.
Los datos se sienten totalmente reales en el cuerpo: de 0 a 100 km/h se cubren en apenas 3,7 segundos, y las recuperaciones en ruta para realizar sobrepasos son tan veloces que exigen recalibrar las nociones de tiempo y espacio.
Al entrar en sectores de curvas rápidas, el escepticismo inicial por el peso se disipa gracias a una ingeniería de chasis impecable. El M5 dobla muy firme, apoyado en un centro de gravedad bajo debido a la ubicación de las baterías en el piso. El sistema de tracción integral M xDrive acompaña con una gran agilidad que contradice los más de 2.500 kilos de la ficha técnica.
La unidad contaba con el M Package que limita la velocidad máxima a 305 km/h. En cuanto a los rendimientos, si se conduce en ciudad con buen nivel de carga de la batería llegamos a obtener unos 13,5 kilómetros por cada litro. En ruta, a velocidades legales, obtuvimos 9 km/l. Pero si se los exige, el V8 se despierta y las cifras se disparan a 6 km/l.
Para un uso acotado
Este BMW M5 tiene algunos aspectos que debe enfrentar la realidad de nuestra infraestructura vial. El primer punto es la marcada sensibilidad a las deformaciones del asfalto. En tramos donde el tránsito pesado ha dejado huellas profundas, el generoso ancho de los neumáticos copia en exceso el terreno. El auto tiende a experimentar sutiles desplazamientos laterales y exige mantener las dos manos firmes en el volante para corregir la trayectoria.
Por otra parte, hay que tener muy en cuenta su escaso despeje del piso reducido por la presencia del pack de batería y los prominentes spoilers y faldones, ya que es propenso a tocar en la zona ventral en lomos de burro pronunciados o accesos a garajes con rampas pronunciadas. Hay que extremar los cuidados en ciudad y en caminos irregulares para evitar roces indeseados.
Por último, la interfaz de todos los sistemas tiene una sobrepoblación tecnológica abrumadora. Las opciones de personalización son casi infinitas: tres niveles de respuesta para la caja, tres para los amortiguadores, dos para la dirección, dos para los frenos, tres niveles de recuperación de energía y múltiples modos de gestión híbrida (Hybrid, Electric, eControl, Dynamic y Dynamic Plus).
Intentar configurar todo esto sobre la marcha a través de los menús de la pantalla central mientras se maneja es una tarea que demanda mucho tiempo y concentración, pudiendo distraernos en el tráfico. Afortunadamente, los ingenieros de BMW mantuvieron los dos históricos botones rojos programables (M1 y M2), adosados a los radios del volante. Su presencia es vital: permiten grabar dos perfiles totalmente opuestos y alternar entre ellos con un sólo movimiento del pulgar.
Despliegue de calidad
En lo que se refiere al habitáculo, acompaña este despliegue la calidad habitual de la Serie 5, pero sumando butacas de sujeción impecable que cansan menos en viajes largos, levas de cambio de mayor tamaño y gráficos específicos de telemetría en el instrumental que informan sobre las temperaturas críticas de los fluidos de la transmisión y el motor. Todo bajo el nuevo sistema operativo de la marca, que se muestra sumamente rápido.
Otro detalle práctico a tener en cuenta: como es habitual en los BMW M de alta performance actuales, no dispone de rueda de auxilio tradicional. En su lugar cuenta con un kit de reparación de pinchazos y neumáticos run-flat, lo que reduce peso pero obliga a planificar con cuidado cualquier desplazamiento largo en rutas.
Este nuevo BMW M5 ya no puede ser catalogado como aquel sedán deportivo puro y liviano de antaño; la evolución de la industria y las normativas de emisiones globales empujaron las fronteras hacia otro territorio. Un aparato de ingeniería soberbio que, gracias a las nuevas condiciones del mercado local, se posiciona como el pináculo del rendimiento importado formalmente al país.
Es un auto con dos personalidades perfectamente definidas: capaz de deslizarse con suavidad por el microcentro porteño sin emitir un sólo decibel y, al mismo tiempo, transformarse en una bestia de aceleración salvaje capaz de devorarse los kilómetros de nuestras rutas con una contundencia que muy pocos vehículos en el planeta pueden igualar.
En el actual contexto argentino, con un mercado premium en clara recuperación, el BMW M5 G90 se ofrece a un precio de lista de USD 199.900. Una cifra elevada, pero que encuentra justificación en su exclusividad, prestaciones inéditas y en el hecho de ser el auto más potente que BMW haya traído oficialmente. Para quienes pueden acceder a él, representa mucho más que un medio de transporte: es el símbolo de una nueva época para el mercado de autos de alto rendimiento en nuestro país.
Por: Augusto Brugo Marcó
FICHA TÉCNICA
MOTOR
Naftero, delantero, longitudinal, 8 cilindros en V, 4 válvulas por cilindro, doble árbol de levas a la cabeza (DOHC), comandado por cadena, inyección directa, turboalimentado.
Cilindrada: 4.395 cm³
Diámetro por carrera: 89 x 88,3 mm
Relación de compresión: 10.5:1
Potencia: 585 CV a 6.500 rpm
Torque: 76,4 kgm entre 1.600 y 4.500 rpm
MOTOR ELECTRICO
Potencia: 197 CV
Torque: 28,5 kgm
Torque combinado: 101,9 kgm
TRANSMISIÓN
Tipo: Automática de 8 velocidades.
Tracción: Integral (X Drive).
SUSPENSIÓN
Delantera: Independiente, tipo McPherson, con brazos auxiliares, amortiguadores, resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Trasera: Independiente, multibrazo, con amortiguadores optimizados, resortes helicoidales y barra estabilizadora.
FRENOS
Delanteros: Discos ventilados.
Traseros: Discos ventilados.
DIRECCIÓN
Piñón y cremallera, asistencia eléctrica.
LLANTAS Y NEUMÁTICOS
Neumáticos delanteros: 285/40 R20.
Neumáticos traseros: 295/35 R21.
FABRICANTE / IMPORTADOR
BMW Alemania / BMW GROUP Argentina.
PRECIO
199.900 dólares.
DIMENSIONES
Carrocería: Sedán 4 puertas, 5 pasajeros.
Largo: 5.096 mm.
Ancho: 1.970 mm.
Alto: 1.510 mm.
Distancia entre ejes: 3.006 mm
Capacidad del tanque de combustible: 60 litros.
Peso en orden de marcha: 1.640 kg.
PRESTACIONES
Velocidad máxima: 305 km/h.
Aceleración de 0 a 100 km/h: 3,7 s.
Rendimiento promedio: 10,9 km/l.
También te puede interesar
-
Honda WR-V: probamos el "anti" Yaris Cross
-
JMEV Easy 3: ¿Qué tal anda el auto 100% eléctrico más barato de la Argentina?
-
BYD Atto 2 DM-i: Alineado con el mundo
-
Boreal, el Renault más europeo de los Mercosur
-
Nuevo Chevrolet Sonic: cuáles son las prestaciones reales del SUV compacto
-
El sedán no está muerto: probamos el Kia K4 GT-Line
-
Probamos el Citroën C4 Hybrid, el nuevo modelo que acaba de bajar el precio
-
Nissan Kait: Un clásico renovado
-
Fiat 600 Híbrido: probamos el "Fitito" moderno