En buena parte del mundo, comprar un auto depende del presupuesto, las opciones de financiación y los impuestos de cada país. En Singapur, en cambio, hay un requisito que puede cambiar por completo la ecuación: para tener un vehículo particular no alcanza con comprarlo, también hay que conseguir una autorización cuya cotización depende de la oferta y la demanda.
Se trata del Certificate of Entitlement (COE), un certificado obligatorio que habilita a utilizar un vehículo durante 10 años. El Gobierno limita la cantidad disponible y los interesados deben competir en subastas para obtenerlo. El resultado es un mercado en el que el permiso puede costar tanto como un auto de alta gama.
El permiso que puede costar más que el propio auto
El sistema busca controlar el crecimiento del parque automotor en una Ciudad-Estado con una superficie limitada y una elevada densidad urbana. En lugar de permitir que la cantidad de vehículos aumente sin restricciones, las autoridades administran cupos y distribuyen los certificados mediante licitaciones.
El mecanismo tiene distintas categorías según el tipo de vehículo. Para los autos particulares, el precio cambia de acuerdo con la potencia, las características del modelo y la competencia entre compradores.
En la segunda subasta de octubre de 2026, el certificado para autos pequeños alcanzó los 132.004 dólares singapurenses, mientras que la categoría destinada a vehículos más grandes o potentes cerró en 131.901 dólares singapurenses. En la categoría abierta, utilizable para distintos tipos de vehículos, el valor llegó a 135.790 dólares singapurenses.
Esas cifras corresponden únicamente al permiso, no al precio del automóvil. A eso hay que sumarle el costo del vehículo y los demás impuestos, tasas y gastos de registro.

¿Qué pasa después de los 10 años?
El COE tiene una vigencia limitada. Cuando se cumple el plazo, el propietario debe decidir si renueva el certificado, si cumple los requisitos para mantener el vehículo bajo las condiciones correspondientes o si lo retira de circulación.
La renovación implica otro desembolso importante, cuyo valor depende de una referencia de precios calculada por las autoridades. Por eso, el costo de tener un auto no termina cuando se firma la compra: también hay que considerar cuánto costará conservarlo durante los años siguientes.
Este esquema influye tanto en la decisión de comprar un vehículo nuevo como en el mercado de usados. Cuando los certificados se encarecen, el costo total de acceder a un automóvil también aumenta y puede modificar las preferencias de los consumidores.

Una estrategia para controlar el tránsito
Singapur combina este sistema de cupos con políticas de transporte público y medidas para gestionar el uso de las calles. El objetivo es limitar la cantidad de vehículos en circulación en un territorio donde el espacio disponible es un recurso especialmente valioso.
La contracara es evidente: tener un auto particular puede convertirse en un lujo incluso para quienes pueden afrontar su precio de venta. Mientras en otros países la discusión suele concentrarse en el valor de los modelos, el combustible o el mantenimiento, en Singapur existe una barrera adicional que puede representar una parte enorme del gasto total.
Así, el país asiático ofrece uno de los ejemplos más llamativos de cómo una política pública puede transformar el mercado automotor: el primer paso para comprar un auto no es elegir la marca o el modelo, sino conseguir el permiso que permite tenerlo en la calle.