Se deroga el "impuesto al lujo" y los autos deberían bajar de precio

Tras la aprobación de la reforma laboral, la última escala de este tributo (impuestos internos) fue eliminada. Galería de fotos

Redacción Parabrisas

La eliminación del mal llamado “impuesto al lujo” marca un punto de inflexión para el mercado automotor argentino. Tras más de una década de vigencia, el tributo que encarecía significativamente a los vehículos de mayor precio quedó sin efecto luego de su derogación aprobada por el Congreso de la Nación Argentina, lo que abre un nuevo escenario para fabricantes, importadores y consumidores.

El tributo interno a los autos de "alta gama" había sido implementado en 2013, durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, con el objetivo de desalentar la importación de vehículos y fortalecer la recaudación fiscal. En la práctica, establecía escalas que podían elevar el precio final hasta un 20 o 35 por ciento, dependiendo del valor del vehículo.

Con el correr de los años y en un contexto de alta inflación, la actualización de las bases imponibles no siempre acompañó la evolución de precios, lo que terminó afectando no sólo a modelos premium, sino también a versiones tope de gama de marcas generalistas. Muchas automotrices optaron por disminuir equipamiento o fijar precios estratégicamente para no superar el umbral que activaba el tributo.

Con la derogación y a la espera de su formalización administrativa a través del Boletín Oficial de la República Argentina, las terminales comenzaron a recalcular sus listas. El impacto es inmediato en varios frentes: baja directa en los precios de modelos alcanzados por la segunda escala; reconfiguración de gamas, con el regreso de versiones que habían sido discontinuadas; mayor competitividad para vehículos importados, especialmente SUV medianos y grandes, sedanes y pick-ups full size; y rordenamiento del posicionamiento de marca, sobre todo en el segmento premium.

En algunos casos, la reducción puede superar el 20 por ciento respecto a los valores vigentes hasta febrero, dependiendo del modelo y del nivel de incidencia que tenía el impuesto en su estructura de costos.
Impuestos internos
Impacto en la industria y el consumo

Para el sector automotor, la medida representa una señal de normalización tributaria. El impuesto había generado una fuerte distorsión en la pirámide de precios, comprimiendo artificialmente escalones entre segmentos y encareciendo productos que, en otros mercados, compiten en franjas intermedias.

La eliminación podría impulsar la demanda en un momento en el que el mercado busca consolidar su recuperación. También podría generar un efecto colateral en el mercado de usados, especialmente en unidades de alta gama recientes que ahora deberán ajustarse frente a la nueva referencia de precios de 0 km.

A su vez, si disminuyen los valores de los vehículos más costosos, indefectiblemente también deberían disminuir los precios de los modelos más accesibles, con el objetivo de evitar una superposición de segmentos o gama.

Un nuevo escenario

Más allá del debate fiscal, la derogación del impuesto interno a los autos de mayor valor redefine las reglas de juego. Las marcas recuperan margen de maniobra comercial, los consumidores acceden a una oferta más amplia y el mercado comienza a alinearse con parámetros más previsibles.

En un país donde la carga impositiva siempre tuvo un peso determinante en el precio final de los vehículos, esta decisión no es menor: puede convertirse en uno de los movimientos más relevantes para la industria automotriz argentina en los últimos años.

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