martes 23 de julio de 2019
MANTENIMIENTO | 12-07-2019 01:03

Cómo evitar la corrosión en un auto

Cuando es interna, puede causar verdaderos estragos y afectar la seguridad del automóvil. Cuando es externa, atenta contra la estética y tiende a penetrar en los paneles. Te mostramos qué hacer para evitar su ataque.

La hoja de chapa de acero es todavía sigue siendo el m{as utilizado en la construcción de carrocerías de automóviles, gracias a su excelente maquinización y comparativamente bajo costo en relación a otros materiales como el aluminio (muy usado por algunas marcas, como Audi y Rover) o  como la exótica y muy costosa fibra de carbono, reservada a los modelos deportivos de muy altas performances (Ferrari, Porsche, McLaren y otros).

Aunque la resistencia a la corrosión ha mejorado en los últimos tiempos, las carrocerías construidas completamente de acero nunca podrán ser protegidas contra la corrosión. En la parte inferior o chasis, los constantes impactos de piedras inciden incluso ante la capa protectora más gruesa, mientras que los efectos del paso del tiempo combinado con los cambios de temperatura pueden producir el endurecimiento de la capa y su agrietamiento. Las juntas soldadas y las grietas nunca podrán ser eliminadas por completo, por lo que persistirá el peligro de que el agua quede atrapada en estas áreas vulnerables.

Dado que los diseñadores deban continuar  utilizando los largueros y paneles huecos con el objeto de eliminar peso, siempre existirá el riesgo de que las capas de protección no lleguen a determinados lugares. Por corrosión, se entiende la pérdida de material de la superficie de un metal a consecuencia de la reacción electroquímica con otros del entorno que lo rodean. De este fenómeno existe abundante bibliografía técnica, pero aquí nos concentraremos en los cuidados que el automovilista puede proporcionar para evitar males mayores. 

Corrosión interna

Lo verdaderamente grave de la oxidación es el hecho de que puede darse sin que se note exteriormente, circunstancia que ocurre en este primer tipo de corrosión denominado corrosión interna. En esta modalidad, la formación de herrumbre tiene lugar de dentro hacia fuera, comenzando a oxidarse la chapa por su capa interna y progresando la corrosión hasta alcanzar la cara exterior, donde el óxido empieza a producir ampollas en la pintura, que rápidamente se transforma en claras perforaciones de la chapa, totalmente convertida en herrumbre. La causa principal de la corrosión interna está en las condensaciones de agua que se producen en el interior de las innumerables cavidades que las modernas carrocerías presentan en su estructura.

Lo que mata es la humedad, dicen, y hay que proceder a defenderse de ella. Tanto los largueros longitudinales como los puentes, nervios y cajas de refuerzo que forma las chapas soldados para dar refuerzo al conjunto, con frecuencia; compartimientos cerrados, o bien, si están abiertos, no suelen gozar de una ventilación eficaz. Esto determina que con los simples cambios de temperatura y humedad atmosférica produzcan condensaciones de agua en el interior de esas cámaras, lo que favorece el comienzo de la corrosión y su posterior progreso.

Qué podemos hacer

Mantener el chasis o la parte inferior del automóvil perfectamente limpia es la primera medida que podemos tomar para evitar los ataques corrosivos. La acumulación de barro y otras substancias presentes en las calles y carreteras acelera el proceso. Entonces podemos lavar el chasis nosotros mismos con agua a presión, utilizando una manguera conectada a una canilla o utilizar equipos especiales para esta tarea, que envían agua a una presión considerablemente mayor. Estos equipos son pequeños, se conectan a una toma de 220 voltios y no son de muy alto precio. Hay una gran variedad en el mercado para elegir de acuerdo a nuestro presupuesto y a nuestras preferencias.

Después del lavado y esperando que se seque bien, y utilizando una linterna u otra fuente de luz potente, podemos inspeccionar bien el chasis en busca de óxido o de agrietamiento de la capa protectora de material sintético, utilizando sustancias bituminosas, plásticas y ceras. Si la oxidación no es muy profunda, podemos intentar lijar la superficie con una hoja de grano grueso, suponiendo que no tenemos una máquina lijadora, hacer desaparecer el óxido, limpiarla bien con keroseno o nafta y luego aplicar una capa de pintura que convierte el óxido y que además protege. Se la consigue en cualquier pinturería. Posteriormente, y para una protección completa, podemos aplicar alguna pintura especial para chasis que también se consigue en dichos comercios, o bien brea líquida. Si la superficie atacada por la corrosión es muy extensa, lo mejor será recurrir a un taller de chapa y pintura. 

Corrosión externa

Consiste, simplemente, en la oxidación de la chapa que se produce cuando, por ejemplo, la capa de pintura protectora se desprende a consecuencia de un arañazo o roce o golpe, o bien porque no estaba bien aplicada en alguna reparación anterior o, lo que es más raro, por un defecto de fabricación. Este tipo de oxidación, si se abandona y no se hace nada para corregirla, puede, por supuesto, ser causa de graves deterioros; sin embargo, por regla general, no suele revestir en la práctica, serios problemas, puesto que al ser muy evidente y afectar incluso la estética del automóvil, lo normal es que el automovilista haga algo para combatirla, evitándose así males mayores.

Los soportes de la suspensión

Con la proliferación y uso masivo de la suspensión de tipo McPherson surge una nueva  dificultad en la conservación del vehículo, pues la oxidación estructural en los soportes superiores de la suspensión es bastante frecuente, tanto la suspensión delantera como en la trasera. El deterioro puede extenderse al interior del guardabarros y zonas adyacentes, en el caso que la oxidación haya invadido el lado interno del soporte y la plancha aparezca torcida o combada por efecto de la carga, en cuya condición la geometría de la suspensión estará alterada.

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