La puesta en valor del Autódromo Oscar y Juan Gálvez avanza sin pausas y ya deja ver la dimensión de una obra que apunta a cambiar por completo el perfil del histórico circuito porteño. Con múltiples frentes de trabajo activos, el predio se transformó en un verdadero centro de operaciones donde conviven maquinaria pesada, equipos técnicos y personal especializado que monitorea cada instancia del proyecto.
El plan de renovación, iniciado en enero de 2026 y con un plazo estimado de ejecución de 12 meses, tiene un objetivo claro: devolverle protagonismo internacional al Gálvez. En ese contexto, ya está confirmado como sede del MotoGP en 2027, mientras continúan las gestiones para que la Fórmula 1 vuelva a competir en Buenos Aires.
En una reciente visita a las obras, se hicieron presentes figuras clave del ámbito organizativo y deportivo. Recorrieron el circuito Juan Pablo Fasanella, presidente de AUSA; Carmelo Ezpeleta, junto a Carlos Ezpeleta; y Orlando Terranova, uno de los impulsores del proyecto.

El rediseño del trazado es uno de los pilares centrales de la transformación. La futura pista tendrá 4,3 kilómetros de extensión, un ancho promedio de 14 metros y 14 curvas, combinadas con una recta principal donde se estiman velocidades superiores a los 300 km/h. Todo el desarrollo apunta a cumplir con los estándares técnicos exigidos para lograr homologaciones internacionales de máximo nivel.
En esta etapa, los trabajos se enfocan tanto en la infraestructura como en el circuito en sí. En las zonas destinadas a paddock, boxes y servicios, se llevan adelante tareas de acondicionamiento del terreno y excavaciones para dar lugar a nuevas construcciones. Al mismo tiempo, sobre la pista existente se realizan intervenciones profundas: retiro de capas asfálticas, demolición de pianos, eliminación de defensas y desmantelamiento de estructuras en desuso.

También se ejecutan movimientos de suelo en sectores clave, como la recta opuesta y el tramo comprendido entre las curvas 10 y 13, donde el trazado será modificado para adaptarse a las nuevas exigencias deportivas. Estas tareas son determinantes para redefinir el circuito y mejorar su nivel técnico.
Un punto clave del proyecto es la consolidación del suelo, un proceso esencial para garantizar la resistencia de la base sobre la que se construirá la nueva pista. Este trabajo resulta fundamental para asegurar la durabilidad del circuito y cumplir con los requisitos necesarios para obtener la certificación Grado A.
En paralelo, se avanza en la implementación de un sistema hidráulico integral, con obras de drenaje que incluyen zanjas y conductos pluviales. Este aspecto será determinante para asegurar un correcto escurrimiento del agua y preservar la estructura del circuito a lo largo del tiempo, evitando deterioros y garantizando condiciones óptimas para la competencia.