domingo 20 de octubre de 2019
PRUEBAS ESPECIALES | 10-09-2019 12:00

Al filo del mapa, con el Volkswagen T-Cross

A pesar de que algunos lo desaconsejan, cruzar las Altas Cumbres no siempre es una tarea complicada, y menos para un SUV con aspiraciones aventureras.

Lo primero que hicimos al llegar a Villa de Merlo (LEER PRIMERA PARTE DEL VIAJE), en San Luis, fue buscar una gomería para conseguir un reemplazo de la cubierta que rompimos en la etapa de Córdoba.

Una vez lograda la misión, nos pusimos a averiguar acerca del estado del camino que comienza en El Filo, uno de los puntos turísticos más destacados de la conocida localidad puntana, al que se llega por un caracoleante camino asfaltado que trepa con una marcada pendiente hasta los 2.200 metros y lleva hasta Embalse, pasando por Amboy, ambas localidades de la vecina provincia de Córdoba.

Volkswagen T-Cross

La mayoría de los habitantes locales con los que hablamos no había transitado ese camino o, directamente, no lo recomendaban, sobre todo cuando miraban de reojo nuestro flamante (aunque algo polvoriento) T-Cross.

Tampoco lo sugiere Google Maps, a pesar de que el trazado se acorta en más de dos centenares de kilómetros, cruzando por ahí la Sierra de los Comechingones para llegar al Valle de Calamuchita (con pasos por Lutti y La Cruz) hasta arribar a Embalse de Río Tercero.

Volkswagen T-Cross

La mayoría de los argumentos en contra de esta variante aluden a un par de vados (sólo significativos en caso de lluvia fuerte) y la posibilidad de rotura de cubiertas, pero comprobamos que no era para tanto, y además minimizamos el riesgo inflándolas con 45 libras de presión.

A la carga
Luego de un buen descanso y de compartir la gran propuesta gastronómica de Merlo, con nuestro amigo y colega Diego Janczur recorrimos algunas localidades cercanas, como Cortaderas, Los Molles y Villa Larca, que están hacia el sur por el camino de la RP 1, también conocido como “camino de la costa”.

Volkswagen T-Cross

En una de sus tantas largas rectas, el cruce de un zorro hizo que probáramos y aprobáramos el poder de frenado y la capacidad dinámica del T-Cross, ya que tuvimos que disminuir drásticamente la velocidad para no atropellar al imprudente, y luego nos vimos forzados a esquivar los restos de una liebre atropellada por otro vehículo, que seguro iba a ser el almuerzo del simpático canino.

Nuevamente en Merlo -localidad que tomamos de base- nos despedimos de nuestros anfitriones y encaramos el regreso a Buenos Aires por el camino más desaconsejado.

Volkswagen T-Cross

La primera parte hasta El Filo fue un paseo para el T-Cross, que nuevamente mostró sobrada aptitud para trepar pendientes, a pesar de las críticas que se le hacen al motor, que sí lidió un poco con la caja automática, ya que en ocasiones lo llevaba a muy altas revoluciones, amén de la merma de oxígeno que llega a los cilindros, producto de la altura.

Claro que todo esto no hubiese sucedido si en lugar de querer llegar rápido hasta arriba para aprovechar el sinuoso asfalto y disfrutar del  manejo, lo hubiéramos encarado en “modo” turista o familiar, como es lógico circular por este tipo de caminos.

Volkswagen T-Cross

En ese trazado que nos llevaría al famoso límite natural entre San Luis y Córdoba, nos enteramos que todos los días a las 11.20 del mediodía la señora Isolina, guardaparque del lugar, les da de comer en la mano al águila mora y a algunos zorros del lugar, mientras cientos de turistas se juntan a escuchar sus charlas y gozar de un magnífico espectáculo natural.

Puesto que cerca de esa hora ese día hacía un frío polar y mucho viento, aprovechamos la excelente visibilidad que propone especialmente el techo panorámico del T-Cross para disfrutar calentitos desde el interior (con el climatizador digital seteado a 24º) la mayor parte del show.

Volkswagen T-Cross

Sigue el paseo
Más adelante, en la parte más alta, los miradores muestran todo el valle de Conlara como si fuera una maqueta en miniatura. Allí termina el habitual recorrido turístico, y con él el asfalto. Para continuar, como referencia nos habían dicho que había que traspasar un guardaganado con una señalización hacia Los Vallecitos.

Ese es el camino que pocos recomiendan, pero que nuevamente volvería a poner a prueba alguna de las cualidades del T-Cross, como la robustez, la aislación del interior y el comportamiento en caminos desparejos, entre otras tantas. A eso se le podría agregar, por ejemplo, la prueba de capacidad máxima de vadeo, cosa que no sucedió ya que los arroyos con los que nos cruzamos apenas rebasaban el camino.

Volkswagen T-Cross

Muy solitario, salvo por la presencia de algunas ovejas, vacas y aves, el periplo está enmarcado por hermosas vistas, como la que a lo lejos brindan el Embalse de Río Tercero, el dique Piedras Moras y algún que otro bosque que le agregan color al casi monótono color amarronado.

En el trayecto se puede encontrar, tras unos cuatro kilómetros de caminata, lugares misteriosos como Pueblo Escondido, un yacimiento minero deshabitado desde 1969 y que tiene una historia bélica, ya que de allí se extraía el tungsteno, material asociado a la guerra, debido a que por su dureza se utiliza en vehículos blindados, tanques de guerra y proyectiles para cañones.

Volkswagen T-Cross

La vieja y pintoresca usina, hoy convertida en un paraje turístico (aunque nos llamó la atención que la entrada no esté bien señalizada), se ubica al pie del Cerro Áspero, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Buen debut
Dejamos de lado la historia y, un poco más adelante, a la altura de Lutti, poblado de apenas una docena de almas, volvimos a concentrarnos en el auto. El asunto era volver a Buenos Aires con la menor cantidad de paradas posibles.

Volkswagen T-Cross

Tras una suculenta vianda de salame, queso y pan, nos pusimos a calcular dónde cargar nafta para llegar con una sola parada. Desconfiando del indicador digital de nivel de combustible (una de las pocas contras que le encontramos al tablero totalmente digital), y teniendo en cuenta que habíamos decidido volver por la RN9 pasando antes por Amboy, Embalse, Almafuerte, Rio Tercero, Villa Ascasubi y Oncativo, los cálculos que hicimos con la computadora de a bordo nos recomendaban detenernos a la altura de Marcos Juárez, todavía en la provincia de Córdoba, desde donde nos quedarían unos 460 kilómetros hasta el destino final.

Volkswagen T-Cross

Ya en el suave asfalto que rodea el embalse, nos quedaba ir haciendo un repaso de los principales pro y contras del T-Cross, confirmando algunas cuestiones que remarcamos en el test publicado en la edición de junio (488).

Entre los positivos se encuentran el buen comportamiento dinámico y la respuesta de la dirección, ambas destacadas en los tantos caminos de montaña por los que nos tocó circular.

También habíamos elogiado los espacios del interior y el baúl, cosa que reafirmamos viajando cómodos (lástima que no tenga agarradera en el techo para el pasajero de adelante) y con mucho equipaje, a lo que agregamos la apropiada cantidad de portaobjetos y las oportunas salidas de aire traseras. Y por último coincidimos en el completo equipamiento de esta versión Hero, muchos de los cuales (Mirror Screen, climatizador, cámara de marcha atrás, puertos USB y techo panorámico) nos fueron de gran utilidad.

Volkswagen T-Cross

A la hora de las críticas salieron a la luz la falta de un motor más potente para las versiones más altas como esta; que el auxilio sea temporal (que como contamos en la primera etapa, nos hizo sufrir un poco) y la adopción de frenos de tambores atrás, situación que no se reflejó en ningún momento, pero que nos hubiese dado más tranquilidad, sobre todo en los tramos donde bajamos por las cuestas.

Por otra parte, más allá de que por cuestiones operativas y geográficas no nos dedicamos a medir rigurosamente el consumo como lo hacemos habitualmente en Buenos Aires, nos pareció que el rendimiento de combustible fue bueno en general por tratarse de un SUV, recordando que en las pruebas el consumo urbano nos había dado algo alto (8 km/l).

Volkswagen T-Cross

Finalmente, y un poco a modo de reconocimiento hacia un auto que cumplió holgadamente con nuestras expectativas y que gracias a él algunos de nosotros conocimos lugares y gente maravillosa, recordamos que la mayoría de las personas con las que nos cruzamos le auguró un futuro exitoso dentro de un segmento muy competitivo y que cada día presenta mejores exponentes.

Christian Hein

Christian Hein

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