martes 15 de octubre de 2019
NOVEDADES | 17-05-2019 17:34

Cuando manejar era un esfuerzo

Los vehículos autónomos suponen un elevado nivel de comodidad para sus ocupantes, especialmente para quien tendría que cumplir las funciones de conductor. Pero, ¿cómo era manejar un auto sin asistencias de ningún tipo?

La tecnología ya reemplazó múltiples y en parte tediosas acciones que antes debían realizar los automovilistas, y, sin embargo, el desarrollo del automóvil sigue firme hacia una conducción autónoma.
Recientemente, una empresa hermana de Google en Estados Unidos prescindió por primera vez de un conductor de emergencia que pudiese intervenir en caso de que se produjera una situación
inesperada con el vehículo.

Esta prueba forma parte del proceso para aliviar a las personas de las últimas cargas del trabajo de conducción. Una mirada hacia el pasado muestra cuánto ya se ha logrado.
Antes de que existiera la dirección asistida, las ruedas de un automóvil pesado apenas se podían girar. Cuanto más anchos eran los neumáticos, más pesados se volvían.
La dirección asistida resolvió el problema, ya que apoya al conductor ya sea de forma hidráulica a través de la presión de aceite, que es generada por una bomba, o electromecánicamente.

El Chrysler Imperial, bautizado “Hydraguide”, fue en 1951 el primer modelo de producción con sistema de dirección asistida. En la actualidad, incluso los modelos más económicos como el Renault Kwid tienen dirección asistida.

También los frenos registraron un desarrollo importante. En los vehículos antiguos, un mayor esfuerzo también requería una ralentización del auto. Antes de que aparecieran los sistemas amplificadores de la fuerza de frenado detener la unidad exigía bastante esfuerzo.

Bosch introdujo el primer servofreno en el Mercedes-Benz 8/38 en 1928, mientras que el 300 SL Coupé de 1954 fue equipado con el primer amplificador de fuerza de frenado como se conoce actualmente.
En la década de 1980 aún se vendían automóviles sin este sistema de frenado, como por ejemplo algunos VW Golf. Los departamentos de desarrollo de las marcas de automóviles ya estaban trabajando desde hacía mucho tiempo en el perfeccionamiento de los frenos.

El nuevo sistema, que debutó en un auto deportivo británico en 1966, fue patentado luego por Bosch como sistema de frenado antibloqueo (ABS). El ABS se equipó por primera vez en 1978 como componente adicional en el Clase S de Mercedes, por un costo extra de alrededor de 2.218 marcos alemanes de aquel entonces, según datos de Mercedes-Benz Classic. Mediante un ajuste automático de la presión realizada sobre los frenos, el dispositivo evita que las ruedas se bloqueen ante una fuerte frenada, preservando así la capacidad de dirección del vehículo incluso durante una detención brusca.

Girar y limpiar
Cuando el tránsito comenzó a hacerse más denso a principios del siglo XX, los automovilistas sacaban el brazo por la ventana para anunciar su intención de girar. Hasta que apareció el guiño mecánico en la década de 1920. El anuncio de giro se hacía accionando un cable ubicado al costado del auto.

En 1928, salió al mercado un indicador luminoso que funcionaba electromagnéticamente. Al igual que la señal de guiño actual se accionaba desde el asiento del conductor mediante un interruptor.

El desarrollo tecnológico del automóvil también se enfocó en la limpieza del parabrisas. A principios del siglo pasado los vidrios aún se limpiaban manualmente. Había que detener el auto y bajarse para realizar esta acción. Luego apareció un dispositivo de limpieza mecánico que podía accionarse desde el interior del vehículo.

Al parecer fue el príncipe Enrique de Prusia, hermano del emperador Guillermo II, quien inventó el brazo oscilante para limpiar el cristal delantero y lo patentó en 1908. Poco antes había sido registrada una técnica similar en Estados Unidos.

En 1926, se introdujo el primer sistema de limpiaparabrisas eléctrico, que obedecía con sólo pulsar un botón.

Por otra parte, la conducción se ha facilitado mucho desde que la transmisión manual tiene anillos de sincronización. Pasaron los tiempos en los que había que tener mucha sensibilidad al pisar el acelerador o el embrague, ya que con la transmisión no sincronizada había que ajustar las revoluciones del motor para cambiar de marcha. Era imperioso coordinar el trabajo de los pies para no dañar la caja de velocidades. 

Cadillac introdujo la primera caja de cambios sincronizada en 1928 mientras que el Beetle (escarabajo) de VW la equipó como estándar recién en los años 1960.

El desarrollo del automóvil ha demostrado que cada vez más la electrónica, que por lo general pasa completamente inadvertida, es determinante en la conducción. ¿Estamos cerca de que el conductor humano sea superfluo en el auto?

dpa

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