martes 18 de mayo de 2021
NOVEDADES | 12-09-2019 15:52

Charles Leclerc, el fenómeno de Ferrari que cobra quince veces menos que Vettel

Es el piloto más joven en ganar con la escudería italiana. Corredor excepcional, estuvo sin embargo a punto de dejar de competir por falta de medios financieros. Ahora, supera a su compañero, Sebastian Vettel, aunque no en el salario.

Cuando el 11 de septiembre de 2018 Ferrari anunció la llegada de Charles Leclerc a la Scuderia en reemplazo de Kimi Raikkonen para la temporada 2018 de la F.1, muchos presagiaron que un problema había llegado a la vida del cuádruple campeón alemán Sebastian Vettel. 

Su nuevo compañero de equipo (nacido en Mónaco el 16 de octubre de 1997) venía de ganar dos campeonatos sucesivos, en la entonces llamada GP3 y en Fórmula 2, respectivamente. En su palmarés figuraba también una exitosa carrera en karting, que incluía el campeonato del mundo en la clase KF3 en 2011, antes de pasar por la Fórmula Renault 2.0 y el Campeonato Europeo de F3. En 2016 entró en la Driver Academy de Maranello, y en 2018 debutó en F.1 en Sauber Alfa Romeo, con el que obtuvo 39 puntos en el campeonato, con un mejor resultado (sexto) en Baku. 

Charles Leclerc, el fenómeno de Ferrari que cobra quince veces menos que Vettel

Ahora bien, para los aficionados, e incluso para los pilotos que se inician en el automovilismo, una de las inquietudes recurrentes es si se necesita tener mucho dinero desde la cuna para llegar a la máxima categoría. Ejemplos (o malos ejemplos) como los del millonario Lance Stroll (su padre terminó comprando Force India, ahora llamado Racing Point) o el de Nico Rosberg, por citar apenas dos, pueden llamar a confusión. Y el de Leclerc, como el de muchos otros, sirve para refutar esa idea. 

Hijo de un ex piloto de F3 –y formado, como su hermano Arthur, que corre en Fórmula 4 alemana, en la pista de karting del padre de quien fuera su gran amigo, Jules Bianchi-, en 2011, después de ganar el mundial de kart, Charles barajó seriamente la posibilidad de dejar de correr, habida cuenta de la falta de financiamiento para continuar su carrera. 

Fue entonces cuando Jules (que correría en F.1 en 2013 y 2014 en el equipo Marussia) acudió en su ayuda. Lo que hizo fue llamar a su manager, Nicolas Todt, hijo de Jean, para que se convirtiera también en el suyo. Y el francés aceptó. Así, Jules pasó a ser el padrino deportivo de Charles.

Charles Leclerc, el fenómeno de Ferrari que cobra quince veces menos que Vettel

El destino, macabro, quiso que la tragedia se llevara a Jules Bianchi en 2015, meses después del accidente acaecido en Suzuka, Japón, el 5 de octubre de 2014. Y que el padre de Charles, Hervé Leclerc, muriera en junio de 2017, poco antes de que su hijo ganara en F2 su primera carrera en Bahrein. Según el propio Charles, cuando supo que a su padre le quedaban pocos días de vida, le dijo (mentira piadosa) que tenía asegurado un volante de F.1 para 2018, cuando todavía no sabía que sería contratado por Sauber. 

En cualquier caso, y más allá de los avatares trágicos (que se nutre también de la muerte de otro querido amigo suyo de la época del kart, el francés Anthonie Hubert, que perdió la vida en Spa el 31 de agosto de este año a bordo de un F2 en vísperas del primer triunfo de este joven monegasco en la F.1 y con Ferrari), lo que su historia viene a demostrar es que con dinero se puede tener acceso a competir, pero que sin un talento descollante de nada sirven los millones de papá. O de quien sea. Y, si no, que lo diga la historia del hombre más laureado de la F.1, Michael Schumacher: impresionado por su talento, y a instancias de Wili Weber, Mercedes (marca para la que Michael competía en el Campeonato Mundial de Resistencia) pagó 300.000 dólares a Eddie Jordan para que le diera una butaca en su equipo. Fue allá por 1991, en Spa, y su actuación (séptimo en clasificación en un circuito en el que no había corrido nunca), le valió que en la siguiente carrera ya fuera piloto de Benetton.

Charles Leclerc, el fenómeno de Ferrari que cobra quince veces menos que Vettel

¿Y en qué otro sito se demuestra el potencial de un piloto sino en la pista? El talento llama la atención de los patrocinadores, y de los responsables de equipos. Un Lewis Hamilton niño, en el podio de una carrera de kart, le dijo a un impresionado Ron Dennis: “Yo un día voy a correr para usted…” 

Quince veces menos
Como se sabe, Hamilton (como tantos otros, gracias a ser cobijado bajo el ala de una escuela o de un programa como los que llevan a cabo Renault, Ferrari y Mercedes) es quíntuple campeón del mundo y disfruta de un contrato de 40 millones de dólares por año. Y Sebastian Vettel, de 30 millones anuales.
En este punto, volvemos al principio: al dolor de cabeza del alemán, cuya capacidad conductiva no se discute, pero que sigue cometiendo errores de aprendiz. Y a una certeza que no escapa a nadie, y menos que menos a Ferrari: a pesar de que Vettel triunfó en Canadá (luego desclasificado), su joven y determinado compañero de equipo ganó dos carreras en ocho días, puesto que a Spa sumó la de Monza, tan luego, y gana quince veces menos. Es decir, dos millones de dólares.

Pero, ¿quién es Charles Leclerc, que ya en Bahrein pudo haberse alzado con el triunfo si no hubiese sido por un problema de motor y terminó tercero, y también arañó sendas victorias en Austria y en Bacu? 

Leclerc es un piloto al que estos contratiempos no lo abaten. Como lo han hecho Niki Lauda, Ayrton Senna y Schumacher, con caracteres empero diferentes, así ha entrado por la puerta grande de la F.1. Veloz, determinado, da la sensación de que tiene poco o nada que aprender. 

Charles Leclerc, el fenómeno de Ferrari que cobra quince veces menos que Vettel

Por supuesto, en las primeras carreras tuvo dificultades para encontrarle la vuelta al auto en clasificación, pero aprendió rápido de sus errores tras un arduo trabajo: “En Sauber, un equipo relativamente chico, muy pronto supe qué había que hacer de otra manera. Pero llegar a Ferrari, una escudería con tanta experiencia, no fue fácil para mí, especialmente en mi segundo año en la categoría. No quise pasar por arrogante: esa es la impresión que puede dar un piloto joven que llega a un equipo y quiere cambiar cosas. Había aspectos que modificar, pero no estaba completamente seguro de si debía cambiar mi estilo de manejo al tipo de balance que tenía el auto. A veces el balance puede revelarse muy malo, pero es la dirección correcta para lograr un buen tiempo, y eso cambia de un auto a otro. Así que me tomé tiempo para adaptar mi estilo de conducción para ver luego la posibilidad de ir en la dirección que fuera un poco más natural para mi naturaleza y ganar unas décimas en mis registros de vueltas”.

Con altas aspiraciones
Así se hace un campeón: con sensibilidad para los pequeños detalles. En Bacu cometió un error en la clasificación, y se autodefinió como “estúpido” por radio. Dijo, luego, que se lo merecía: “Trato de ser honesto conmigo mismo, y si cometo un error, lo digo. Es la única manera de aprender, de crecer. Cuando me bajo del auto, analizo la situación más allá de la reacción que tengo dentro de él. Es que tengo altas aspiraciones, y trabajo para alcanzarlas”. 

Leclerc considera que lo que más ha cambiado es su trabajo en carrera: “Cuando sos más joven, manejás con el corazón y cada vez que tenés a alguien delante de vos, lo único que querés es pasarlo lo antes posible, y muchas veces no pensás en el final, cuando ese al que pasaste va a tener los neumáticos en mejores condiciones, por ejemplo. Este tipo de cosas tienen poco efecto en el karting, pero son muy importantes en la F.1, y forma parte de la experiencia”.

En Austria tuvo que dejar pasar al holandés Max Verstappen, después de un duelo rueda a rueda. Max es otro de los “ases” jóvenes de la F.1, de la misma edad del monegasco, piloto de Red Bull que ganó dos carreras este año. Fue el piloto más joven en debutar en F.1 (con Toro Rosso, en 2015, a sus 17 años y 166 días), y también el más joven en ganar un GP, con Red Bull en España en 2016. Pero en Austria nadie penalizó a Max, y Charles comprendió que debía ajustar su manejo en combates como ese. Interesante porque ahora, después de haber recibido Leclerc una advertencia en Monza (una bandera blanca y negra, equiparable a la amarilla en el futbol), por haber arrinconado contra el exterior de la segunda chicana al Mercedes de Hamilton, fue el inglés quien dijo que ya sabe cómo atacarlo la próxima vez, si bien es cierto que prefirió no arriesgar, pensando en el campeonato.

Parte de una generación de jóvenes pilotos integrada por el mencionado Verstappen, Alex Albon (Red Bull), Pierre Gasly (Toro Rosso) y George Russell (Williams), con los que ha corrido en sus años de formación, Leclerc los considera amigos. “Es muy bueno que estemos juntos en la F.1, viviendo nuestro sueño. Sabemos más o menos cómo conducimos cada uno. Crecimos mucho desde entonces, maduramos. Max, por ejemplo, se está controlando un poco más. Era muy, muy agresivo en la época del kart. ¡Ahora sólo va al límite!”.

El poder de concentración de Charles es asombroso. En la grilla, fuera y dentro del auto, rodeado de ciento de personas, uno tiene la sensación de que no está ahí, sino en su mundo propio, con la mirada clara pero profunda, serena, concentrado en lo que vendrá. Y lo que vendrá –mal que le pese a Vettel, para regocijo de los espectadores y de una F.1 que ha vuelto a ofrecer magníficas carreras– lo tendrá, sin lugar a dudas, como uno de sus más destacados, y carismáticos, protagonistas.

Por Silvia Renée Arias (desde Europa)
 

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